Todo lo que «tienes que», «lo quieres»

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yo quiero

Por muy increíble que te parezca, por extraño que suene… lo que tienes que hacer lo quieres hacer.

Quieres hacerlo pero con el “tengo que” parece como si te sintieses aliviad@, cuando en el fondo lo que haces es obligarte a hacer cosas que verdaderamente quieres hacer.

Sé lo que estarás pensando y es “no, eso no es verdad, yo no quiero ir a trabajar y voy, no quiero dar la cena a los niños y se la doy, y no quiero ir a ver a mis suegros este fin de semana y voy a hacerlo”. Y te entiendo, te entiendo porque a much@s les pasa lo mismo, pero no es así.

Pregúntate ¿para qué vas verdaderamente a trabajar?

La respuesta es sencilla: para ganar dinero y mantener a mi familia. Entonces: quieres ir a trabajar porque quieres tener dinero para mantener tu casa.

Por extraño que te parezca, podrías no hacerlo. Podrías no ir y no ganar dinero para tu casa, eso desencadenaría una serie de consecuencias que probablemente fuesen más desagradables que madrugar e ir a trabajar… pero finalmente: LO HACES PORQUE QUIERES.

Sea por lo que sea: por evitar males mayores, por no ofender, por ganar cosas o por cambiar algún estado, todo lo que haces lo haces porque quieres.

El “tengo que” delega la responsabilidad de tu vida en el exterior. Es primo de los “debería” y hermano del “hay que”.

Día a día nos resta mucha energía: tengo que ir a trabajar… (pfffffffff) “Tengo” es como pesado, como cargante, como de llevar lastre encima. Es una imposición una orden, una “sentencia externa”.

Pero lo peor del “tengo que” es cuando se vuelve en contra de ti y de tus objetivos, cuando frena tus motivaciones. “Tengo que adelgazar”, ¿sabes lo que le estás diciendo a tu cerebro? Que tiene una obligación relacionada con la pérdida, y encima le has metido un verbo paralizante: ADELGAZAR (no creo que a nadie le guste lo que siente cuando lee esa palabra). Imagina ahora que esta meta cambia y se construye así: “quiero llegar a pesar 80kg”. Estás animándote, estás eligiendo y sobre todo estás siendo el protagonista de tu destino. Como hablas es como te hablas.

¿Por qué es tan importante?

Porque si todo lo que haces que no te gusta lo vives con un “tienes que” estás convirtiendo tu vida en una obligación, en una pesada escalera infinita llena de imposiciones y de reglas, de castigos constantes que no te permitirán disfrutar de nada de lo que hagas al 100%.

Por eso y porque, además estás delegando tus logros a lo externo, la suerte es la que decide por ti, la que marca tu destino, la que hace que seas feliz o no; Y NO ES ASÍ. Tus decisiones son tuyas y tus metas también, tus esfuerzos te pertenecen y tus sueños son legítimos.

Me encuentro de repente a muchas personas esperando “que pase algo”, frases como: “a ver si cambian las cosas, ya vendrá una mejor fase, seguro que pasa algo” Y no, puede que nunca pase nada que haga que las cosas cambien, pero ¿qué puedes hacer tú dentro de esas cosas?

“Y si me entra la ansiedad”, o “a ver si me viene la motivación”, o tal vez “cuando me entra la pereza…”. Las cosas no “entran” somos nosotr@s quienes las provocamos, pregúntate ¿para qué te sirven? Y ¿qué puedes hacer por cambiarlas? Lo que pasa dentro de tu cuerpo es tuyo, te pertenece, decide qué y cómo quieres vivirlo.

 

 

Te invito a hacer un ejercicio y si te apetece, cuéntanos qué tal te ha ido.

  1. Siéntate, cómod@, en un sitio tranquilo y piensa en cinco cosas que “tienes que” hacer en las próximas horas, días, meses. Piensa en tus “obligaciones” (no es necesario que sean muy complejas).
  2. Haz una lista con ellas, pon “tengo que” o “debo” delante de cada una
  3. Y ahora escribe las mismas frases pero sustituye el “tengo que” o el “debo” por “quiero” o “elijo”
  4. Y sólo piensa si ahora estás más motivado y sientes más ganas de hacer las cosas, si pesas más o menos y si aquello que “tienes que hacer” se ha vuelto algo de tu pertenencia y al ser tuyo puedes elegir gestionarlo como quieras.

 

A veces no puedes cambiar las cosas, pero absolutamente siempre puedes decidir qué hacer para convivir con ellas. Hazte el dueñ@ de tu vida, de lo único que estamos seguros es de que tendrá un principio y un final, lo demás es incierto.

Conviértete en el@ protagonista de tu propia película, y disfruta.