«Y esta Barbie a mi ¿ en qué va a ayudarme?». Sara Barrero.

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Y esta Barbie a mí, ¿en qué va a ayudarme?

He pensado muchas veces en este momento, he escrito esta carta mil veces en mi pensamiento.

Recuerdo ese día como si estuviese pasando ahora mismo, el día que entré en tu “despacho”, pensé: ¿Perdona? Y esta Barbie a mí, ¿en qué coño va a ayudarme ?  Aún así, mi lado racional me hizo sentarme delante de ti. Todo el rato sonaba en mi cabeza: “esto no va a ir bien, esta chica acaba de salir de su perfecto mundo, con su perfecto físico y su perfecta vida, para ayudar a esta “gorda” a superar ¿qué?”. Tenía decidido cambiar de terapeuta en cuanto saliese de esa habitación.  Pero no sé, aunque no terminaba de fiarme de ti, decidí seguir… supongo que algo vi en tu forma de tratarme.

Cada día me alegro más de no haber cambiado y seguir contigo.  Ha sido un viaje increíble y no puedo pensar en mejor guía que tú. Has sido la mejor decisión que he tomado en mi vidala mejor “última oportunidad” que me he dado jamás.

En el camino he aprendido muchas cosas. La primera: a ser persona, y es que aún me cuesta creer cuántos aspectos de mi vida he logrado cambiar. Conforme iba sanando mi alma, iba cambiando mi cuerpo. Me siento mucho mejor por dentro y por fuera.

SARA

 

No voy a quitarme el mérito, pues mi trabajo me ha costado, pero tampoco te quitaré el tuyo.

Sinceramente creo que no eres del todo consciente de lo que eres capaz de conseguir o transmitir a los demás. Haces que quien se sienta delante de ti quiera luchar, vivir, “positivarse”. Y es que … le pones tanta pasión a lo que haces, que es imposible no seguir adelante contigo.

Decir que mi despedida es alegre por completo sería mentir un poco: me entristece no verte tan asiduamente, y aunque en el fondo pienso que vas a descansar, me reconocerás que nos hemos reído muchísimo, y eso es lo que más me ha ayudado. Por otra parte, siento una enorme alegría por emprender mi viaje conmigo misma, segura de mí, creyendo en mí, queriéndome.

Yo no sé cómo voy a agradecerte todo lo que me has aportado, y es que, aún siendo este tu trabajo, no tienen precio las horas, la dedicación y  el cariño que he sentido en este tiempo al que llamamos “terapia”.

Voy a confesarte algo que un día me dijiste: “Nunca he tenido un caso perdido, ¿cómo podrías ser tú mi primer caso perdido?”; no sabes cuánto, una parte de mi ha luchado incesantemente porque eso ocurriese, por ser “el primer caso perdido”, por saboterame a mí misma y dejarme llevar… Pero no pude, confirmaste tu teoría y no sabes cuánto me alegro.

Ahora voy a pisar bien fuerte a cada paso, muy segura de mí, siendo siempre quien quiero ser, decidiendo lo que quiero, con quien lo quiero y como lo quiero.

Antes de llegar al final, me gustaría dejarte una de las reflexiones a las que he llegado durante este tiempo y con la que convivo feliz, pues contribuye, y mucho, a quererme como me quiero:

Es complicado saber si uno se siente diferente por ser quien es; o por ser quién, se siente diferente. Es un juego de palabras que parece decir lo mismo, pero que para mí, tienen significados muy diferentes. Con el paso del tiempo me he preguntado infinitas veces aquello de “¿seré y diferente a los demás?”, y llegué a pensar que no lo sabía, pues tampoco conozco a todo el mundo. Lo que sí sé ahora es que cuando me miro al espejo y siento que algo no me gusta; me detengo, me observo y veo lo mismo que lo que tienen los demás, de color distinto, más grande o pequeño… pero lo mismo. Eso me ha llevado muchas veces a pensar en mis diferencias, en quiénes me quieren “por cuna” y quienes lo hacen por cómo soy: diferente. Y es entonces cuando siento que mis verdaderas diferencias están dentro de mí, las quiero, y he aprendido a vivir con ellas, porque ahora sí sé que tod@s somos diferentes, únic@s. Y en este aprendizaje logré quererme más yo, y sólo así, llegué a hacer lo mismo con l@s demás.

Ahora sí me toca despedirme, y lo voy a hacer de dos formas. Una con una frase que te tomé prestada y la otra pidiéndote un último favor:

  1. “Yo sé que me va a ir muy bien, no te preocupes por mí”
  2. Nunca dejes de hacer lo que haces; si algún día pierdes la pasión por esto, lee esta carta y recuerda que una vez me miraste y sentí que me estabas salvando la vida. Y no sólo eso, sino que regresé al mundo siendo mejor, mucho mejor persona en todos los aspectos, hasta llegar al punto de amar la vida y no perder nunca las ganas.

No imaginas la falta que haces en este mundo de locos, aunque en un mundo de locos: “el cuerdo es el loco”. Bendita sea tu locura de positividad.

Gracias Cristina, por todo esto y por mucho más. Ha sido un viaje alucinante con una coach alucinante.

¡Nos vemos en la cima!

Sara Barrero. Sanlúcar de Barrameda. (Cádiz). Presencial