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FIRSTMAN. Los últimos serán los primeros ( Por Tomás Puntas)

Toca dar voz, volumen y hacernos eco del tejido emocional y vital de HOMBRES que hoy e incluso me atrevería a decir » desde ayer» luchan m cocrean, cooperan y colaboran por un modelo de FEMINISMO donde transgredir las reglas y adquirir el nuevo papel de las masculinidades. Feroz machismo que también les ataca a ellos. Os dejo la sentida visión de un FEMINISTA cofeso, consciente y combatiente contra el modelo. Desde su instrospección hasta la conexión con otros compañeros de batalla que también quieren, PELEAN con lo mejor que tenemos : nuestro intelecto emocional CONTRA Y PARA un nuevo modelo de masculinidad incorporado a nuestros tiempos. Brillante siempre él, brillante siempre su apertura, y brillante siempre, como no : SU LITERATURA. Gracias Tomás.

“Musa, dime del varón que en su largo extravío”

La Odisea, Homero

 

Siempre había entendido que para ir a la deriva se necesitaba tener un barco. Ahora, sin embargo, siento que basta con estar perdido.

Allá por el mes de junio, acudía a mis sesiones de terapia sobre mi silla de ruedas. Una lesión futbolera me permitió experimentar tres sensaciones fundamentales: mirar la vida desde otra perspectiva, desplazarme a otro ritmo y tomar contacto con el dolor.

Agradezco, en primer lugar, a Urbanismo su inestimable ayuda a la hora de hacer de mis trayectos un dificultoso valle de aprendizajes, digámoslo así.

 

Agradezco, también, a Ryan Gosling, protagonista de Firstman bajo la piel de Neil Amstrong, su magnífica interpretación, gracias a la cual he podido descubrir hasta qué punto los hombres solemos, por sistema, ir tan deprisa que no vemos ni las necesidades ajenas ni las propias.

No se me ocurre un ejemplo mejor que una huida a la Luna en cohete tras la triste muerte de una hija, pasando por alto la relación de pareja, para ilustrarlo. Siempre había entendido que héroes como el célebre astronauta eran hombres de éxito.

Ahora siento, sin embargo, que no son más que frenéticas almas a la deriva. Mi último agradecimiento va para Homero, el poeta que hace casi tres mil años inauguró la literatura occidental con el rapto de una mujer, una guerra y una vuelta a casa del marío de la Penélope que duró veinte años. Excusas más malas no se han visto. La cosa va de estrenos.

 

Si todo esto guarda alguna relación, se llama género.

 

Lo cierto es que el machismo nos ha confundido y herido a todas y todos. Nacemos y, en vez de enseñarnos a navegar, nos meten en el pack dominante de los hombres o en el pack dominado de las mujeres. Todo súper natural. Exento de violencias, claro.

Unas a esperar y otros a pasar a la historia. Tareas ambas, como es sabido, al alcance de todos los corazones; crisis de ansiedad y derivados mediante, eso sí. Unos a sentirse visibles a cualquier precio y otras a tejer.

Ocurre, lamentablemente, que, en esa carrera espacial, los hombres hemos provocado un dolor y una rabia de las que debemos responsabilizarnos. Y no pasa nada del otro mundo. Es el comienzo de la sanación, de hecho. Si nuestra inconsciencia ha generado más de un roto y un descosío, toca hacerse cargo sin complejos y experimentar lo fundacional de una sociedad que vaya sobre ruedas: mirar desde la otra mirada, pararse de vez en cuando y escuchar nuestras emociones. Los argumentos racionales y las justificaciones que se alejen de estos tres pasitos juegan aquí el papel de enrevesadas formulaciones categóricas que nos separan del ser y lo real, believe me.

Lo siento, Amstrong, te ha tocao. Te lo digo a ti. Pero no quiero tomarte como un antihéroe al uso, de verdad. Sé que hay mucho potencial en ti, así como en el resto de hombres con los que comparto género desde la diversidad. Desde la silla de ruedas, conocí en mis desplazamientos odiséicos a multitud de hombres que, como habrías hecho tú, me ofrecieron un sostén, un empujón o un apoyo.

Los había de todos los tipos, puedes creerlo: pasotas, amables, furiosos… Y todos, todos, me facilitaron charla y atención. Cada uno desde la particularidad de su recorrido, cada uno desde su historia. Si algo aprendí pidiendo ayuda para subirme al bus durante un mes es que la gente es buena. Identificar la raíz de la violencia en el patriarcado para que mujeres y hombres salgamos de la espiral de culpabilidad es clave. Por ello, querido astronauta, reivindico el feminismo.

 

Un feminismo donde los hombres, pienso, tenemos por delante, o por dentro, un ilusionante valle de aprendizajes. Un feminismo donde reconozcamos los daños sin miedo y donde sirvamos de acompañamiento aliado a nuestras compañeras dentro tan necesaria y legítima lucha. Desmonta el cohete, Neil, que esto va más de estar que de llegar a cualquier sitio. Deconstrúyete y reprogramémonos juntos.

Una cosa te voy a decir también, amigo. No estás solo. Ni eres el primero ni eres el último. Contamos con la lucidez de las mujeres feministas que llevan siglos reclamando igualdad, así como con las que, menos visibles, nos han permitido con sus cuidados, su presencia y su trabajo llegar hasta aquí. Asimismo, de una u otra forma, te animo a que conformes una lista de hombres que creas que pueden acompañarte en este viaje. En la mía aparecen, entre otros, Pucho, el Mudo Vázquez o Eduardo Galeano. No son tan importantes ellos en sí como lo que para ti pueden significar en tu andadura de hombre feminista. Coge lo que mejor se ajuste a ti de cada uno y fabrica una caja de herramientas con la cual desmontar esa pesada chatarra con la huiste a la Luna. Ya no hará falta ser tu propio fugitivo nunca más.

Termino, así, recordando que los últimos serán siempre los primeros, puesto que todos los que andamos en esta bella, dolorosa y real travesía masculina no dejamos de aprender sobre los aprendizajes de nuestros mayores y de nuestros pequeños. Por ello, querido Neil Amstrong, me despido presentando a Sebastiao Salgado, un fotógrafo brasileño cuya selva natal fue devastada por la avaricia. Y, es que, la depredación siempre se ejerce sobre la naturaleza, el género, las clases sociales y el resto de especies animales que habitan la Tierra.

Sebastiao viajó por todo el globo, conociendo todo tipo de ecosistemas y sociedades. Vivió guerras peores que las de Troya, naufragios más lastimosos que los de Odiseo y navegó su deriva en aparatos mucho más rudimentarios que el Apolo XI. Recorrió el mundo tomando consciencia de que la mayoría de lo que le rodeaba era más grande que él y que él solo podía sentirse parte del todo en armonía, tratando de provocar el menor daño. Sebastiao Salgado confía en el ser humano. Ha conseguido mirar, pararse, escuchar, sentir y, por lo tanto, actuar. Ha llegado a replantar la tierra en la que nació, regenerando vida de lo que estaba roto.

Hay muchas cosas que me gustan de este fotógrafo, amigo Neil, pero lo que más me conmueve de él es que a su último libro lo denominara Génesis.

 

Tomás