El efecto Suso: El arte de «vender amor» sin «hacer el amor»

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Gusta, es guapo, es gracioso, simpático, divertido… pero sobre todo está ENCANTADO DE HABERSE CONOCIDO, así que difícilmente se alegrará de haberte conocido a ti, no hay sitio para dos donde sólo se piensa en uno.  El verdadero juego no se llama amor.

Comienza el reto: la presa no es fácil: “Si yo me propongo que seas mía serás mía, pero aún no me lo he propuesto en serio”.

¿Qué pasa por la cabeza de alguien para poder afirmar algo así? A mi parecer se llama EGO, y es el mayor enemigo del amor.

Lo peor no es lo que pasa por la cabeza de alguien que dice algo así, lo verdaderamente grave es que la otra parte sienta que eso “la hace especial”; ¿cuándo llegamos a “cosificarnos” nosotras mismas de esta forma?

 Y una parte de nosotras, engorda hasta reventar porque alguien se ha propuesto convertirnos en un reto: “¡guau, qué especial soy, él se lo va a proponer en serio, aunque cientos de veces ya le he dicho que no… será eso que le importo”, (o eso o que se niega en rotundo a perder aquello que ha elegido y hará LO QUE SEA NECESARIO para conseguirlo).

Vamos a marcar las reglas: yo gano, tú pierdes. “A por todas”

“Contigo sería diferente, tú eres especial”, “la otra era sólo una tía de una noche, una niñata, contigo es distinto…”

Y tú, como mujer-cosa, empiezas a perder terreno, pierdes la identidad y te disuelves en el retrato que un señor que se autodenomina a sí mismo como el auténtico líder, una sensación mundial, un fenómeno con frases como: “todos hacen lo que yo quiero, todo gira en torno a mí, todos quieren ser como yo, lo que yo haga lo copiarán los demás”, hace de ti.

“Soy especial”, piensas… y te alejas de lo que hace o dice para referirse a “otra”, porque claro “esa otra no soy yo… a mí me ha dicho que soy especial”

Continúa la partida: como te pases un pelo, dejas de jugar. “No me gusta tu actitud”

Te diré algo, NUNCA LE GUSTÓ TU ACTITUD. Es más, por eso te ha elegido, eres un reto, necesita ser más que tú, se siente grande así… como no le gustó tu actitud, te hace saber que “si la cambiaras” no te convertirías en lo que se ha convertido la otra: “su muñeca rota”

Y tú, en tu necesidad de ser amada, en tu terrible e insospechable inseguridad interna te haces grande poniendo tus pies sobre peldaños de madera rota… sabes (porque lo sabes) que no va bien, sabes cómo es, sabes lo que hace y lo que dice, la gente sabe cómo es y sabe lo que hace y lo que dice, pero …. Una tú que hay dentro de ti, se cree que puede “cambiarlo” (claro, si te lo ha dicho: eres distinta), así que, cambias lo que haya que cambiar para encajar en el “molde ideal” que él ha diseñado para ti. Sin darte cuenta, vas despedazándote, perdiendo risas y ganando suspiros… pero “si alguien como él “se ha fijado tan fuertemente en alguien como yo, y reconoce tratar a las mujeres de una noche como ellas se merecen, será que verdaderamente ve algo tan hermoso en mí, que más me vale ajustarme al molde”. Has caído en la trampa. Será difícil escapar de este juego.

Te toca convencerme de seguir jugando. “Nunca llegaremos a nada”.

Después de elegirte, conquistarte, hablarte mal de otras, y hacerte sentir que si eres como él quiere que seas, cosa que ya te digo de antemano que es IMPOSIBLE, serás su “bella amada PARA SIEMPRE”.

Después de “abrirte” en el más amplio sentido de la palabra (y lo doloroso no es lo que alumbra la primera intuición al leer a palabra “abrirse”, lo grave es abrir el alma), como se “abrieron” aquellas que sólo le funcionaron para una noche… sólo un segundo después te suelta un: “esto no puede ser, tú vives en un sitio, yo en otro, la realidad no es ésta, sólo somos amigos.”

Pero tú, no piensas, no oyes, no ves a través de tus ojos, ahora sólo miras por los suyos… te dice que no puede ser, pero te dijo antes que eras única, y lo traduces en un fantástico eslogan que te permite seguir adelante: “eso es que tiene miedo a enamorarse de mí, como soy tan especial, se está acojonando, voy a intentar convencerlo más y mejor, eso hará que encaje definitivamente… lo sé … daré con la manera de que me quiera y me vuelva a adorar cómo lo hacía al principio”.

¡¡¡¡Peligro!!!!! Me sobras, pero sólo a ratos. “Me aburres, pureta”.

Lo que antes te hacía ser una chica “sexy, madura y con experiencia”, hoy te convierte en una vulgar “pureta”; lo que antes era complicidad, miradas y confesiones, ahora se ha convertido en un “me aburres”, “voy a empezar a pasar de ti”. Y de repente y sin darte cuenta el truco final empieza a urdirse: te estás volviendo una “loca manipuladora que no le deja aire” ¿Su excusa? Que te estás poniendo agresiva; ¿su “disfraz”?: el “miedo“ a enamorarse. Tu manera de afrontarlo “dejarle espacio, no lo quieres atosigar”.

Atrapada por la culpa. Me dejas demasiado aire, pasas de mí, y se te está olvidando que el juego lo inventé yo. “Yo no soy celoso es sólo contigo”.

Estás tan convencida de que verdaderamente necesita espacio y que todos sus regalos en forma de adjetivos calificativos poco respetuosos y peyorativos hacia tu persona son consecuencia de tu “exceso de atención” hacia él, que decides “dejarle aire, y no ser pesada”; todo el “acoso y derribo” que él hizo al principio no lo tienes en cuenta, para cuando eres tú la que necesitas algo de él, aquello ya se te ha olvidado.

Y sin darte cuenta una sonrisa estúpida nace dentro de ti: “mira cuánto le importo que siente celos por mi” y no te estás dando cuenta de que literalmente te está asfixiando, intoxicando, manipulando y extorsionando para que sin piedad: “abandones una fiesta para consolar no sabes muy bien qué ni tampoco cómo, porque ya NO SABES COMO ACERTAR” y no sabes porque NO PUEDES. Todo depende de cómo él se sienta en ese momento, y eso, querida, es absolutamente incontrolable. Le has dado las armas, conoce tus debilidades, has entrado en la trampa y eres tan vulnerable que has sido capaz de someterte a sus reglas para sentirte la única mujer en el mundo a la que él puede llegar a amar.

Final ¿Feliz? Cuando la palabra “antiguo” se convirtió en su armadura. “Si tu pareja lo consiente, no es machismo”.

Lo justificas, quieres quererlo, quieres creer que controlas, que estás con él porque lo has elegido, que lo quieres, que lo amas, que él también te quiere y te ama a ti, que lo que no te hace sentir bien de su manera de actuar cambiará, y cambiará porque él te quiere y lograrás SER PERFECTA PARA ÉL.

Y mientras , todas las fases, van interactuando ellas mismas, por sí solas, son como un círculo, estás dentro, atrapada, no lo ves, has perdido el norte… por las mañanas te dice que eres preciosa y después de tener sexo de desahogo te dirá que lo vuestro no puede ser, y una parte de ti le suplica clemencia en modo “no digas eso, ya se verá” mientras la otra “tú que vive dentro de ti” y a la que no dominas, se está intentando quedar dormida al lado de esa persona que te acaba de decir que “nunca será posible”…. Pero no puedes hacerlo, no puedes descansar bien porque aún hay una parte dentro de tu ser que se resiste y sólo piensa en cómo sorprenderle a la mañana siguiente para que vuelva a amanecer queriéndote.

Lo grave del asunto es que un 98% de la audiencia del “programa que no ve nadie”, pero que lleva 16 años en antena y tod@s sabemos quiénes son l@s concursantes (basta ya de hipocresías) serían capaces de COMPRAR el producto, sin darse cuenta de que la trampa está en el envase que millones de adolescentes comprarían porque NO SABEN que dentro hay veneno. Sigamos vendiendo este modelo de amor, sigamos permitiendo que salga la manipulación, y el reforzamiento intermitente, la ambivalencia afectiva y el desprecio como parte de una relación “sana”, y sigamos vendiéndolo tres veces por semana a cualquier público que lo compre. Sigamos mirando para otro lado: lo que no se ve también hiere. Una mirada o un desprecio calan muy profundo.

Y así desfilan cada día por mi consulta decenas de almas rotas llenas de ansiedades y miedos, que son incapaces de afrontar y asumir que la persona por la que literalmente LO HAN DADO TODO, es la que mueve los hilos de sus vidas, sin haberse dado cuenta de que el primer día ya estaban vendiendo sus almas al precio más caro que se pueda pagar.

Y ahora, saca “la fiesta de la que te vas para consolar a alguien que no tiene consuelo porque su propio problema es él mismo” y conviértela en tu vida y dime cuando dejaste de gustarte tú para gustarle a él.