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¿Nada valió la pena? El valor de echar de menos

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Tenemos la sensación constante de que estamos arrepintiéndonos de algo.

Recordar algo bueno de nuestras vidas, de nuestras relaciones, de nuestro pasado… de aquella pareja que no funcionó o del trabajo del que decidí irme, de la ciudad donde he vivido los últimos años o del piso que dejé para vivir en otra zona…

Constantemente nos acecha el ARREPENTIMIENTO.

Y este en sí condiciona y a veces incluso determina nuestras futuras decisiones: «tengo claro que quiero hacerlo, pero ¿y si me arrepiento?»

Pero.. ¿qué es arrepentirse?, ¿qué es «salir mal»?

Tendemos a llamar arrepentimiento a la melancolía asociada a un buen recuerdo, lo que nos lleva a pensar que hemos cometido el mayor de los errores: DECIDIR. Claro que…

Si no añoras nada de tu pasado ¿ qué tipo de vida has vivido?

No añorar sería invalidar absolutamente las caricias, los buenos momentos, las vivencias compartidas con otra persona, las risas, los abrazos, los viajes, las citas, los detalles, las flores, el amor. Sería invalidar los amigos, las ciudades, los grandes momentos vividos junto a compañeros de trabajo, las experiencias que nos han hecho crecer, que nos conforman como seres grandes, en constante cambio, expertos y experimentados. MADUROS.

¿Y si cambiamos el concepto «pérdida» por el de «renuncia»?

En la renuncia no hay errores, sólo fases que hemos de atravesar para nuestro propio descubrimiento. Si lo hice y no salió como esperaba no es que saliera mal, es que no cumplió las expectativas que había puesto en ello, pero necesité vivirlo para darme cuenta.

No vuelvas a la duda sólo porque algo no ha funcionado, eso significa que no estás respetando tu dolor, no estás respetando el trago que has vivido para llegar hasta donde estás. Dudar fue una fase de tu decisión, ahora toca vivir con lo que has elegido, y ello, inevitablemente conlleva RENUNCIA.

Añorar el pasado sólo quiere decir que has vivido buenos momentos. Agradece

Lo que te hizo decidir un cambio no fue la parte buena, sino la que no encajaba, no iba contigo y no te hacía feliz. Pero AFORTUNADAMENTE ese pasado estuvo cargado de cosas muy positivas. Sino ¿qué diría eso de ti?

No tengas miedo de renunciar a lo bueno para perseguir lo grandioso. John D. Rockefeller

¿Cómo convivir con la renuncia?

  • ACÉPTALA. Aceptar no es resignarse, es entender que , como con la INCERTIDUMBRE, has de aprender a respetar su existencia. Si pretendes vivir una realidad perfecta, un nivel de malestar cero… no estás en realidad viviendo.
  • CONECTA CON EL «¿PARA QUÉ?» Ante las dudas, los miedos a las consecuencias de una relación presente, piensa en para qué realmente lo estás haciendo. Conecta contigo y con tus valores, ahí esta siempre la solución.
  • AGRADECE. Echas la vista atrás y tomas conciencia de todo lo bueno que tenía aquello que dejaste. Piensa que tienes la gran fortuna de tener cosas que añorar. De lo contrario habrías vivido una realidad terrible, oscura y dolorosa al completo.
  • SAL DEL TODO O NADA. Ser feliz aquí y ahora no implica que no lo fuera con situaciones o momentos pasados. A tu presente le faltan cosas que tenías en tu pasado y está preparado para recibir todo lo que construirás en el futuro.
  • FLUYE. Siempre habrá un contra. Pero los contras existen porque también existen los pros. Has decidido, estás aquí, es tu presente , APROVÉCHALO. Sal de tu mente, entra en tu vida. SIENTE.